Muchas latinoamericanas de hoy se identifican con aquella célebre quiteña, Manuela Sáenz, Tuvo una vida intensa de 59 años. Nació en Quito, Ecuador, a fines del siglo XVIII y moriría en la pobreza y el olvido oficial en Lima, Perú, en 1856.
De padre español y de una quiteña ansiosa de rebeldía y sentido de pertenencia, en la juventud asumió la ideología del movimiento independentista. Por abrigar tales ideas, la muchacha fue internada en el convento de Santa Catalina, aprendiendo a leer, a escribir y a pensar.
A los 20 años fue casada con el comerciante inglés Jaime Thorne, hombre mayor que ella. Esta unión le dio cierta independencia, más que en su propio hogar, se trasladó a Lima. Condecorada en 1822, la orden del Sol; “Al patriotismo de las más sensibles”.
Separada de su esposo, de visita en Quito, se produce el encuentro de Manuela con Bolívar, de donde el Libertador emergió como la máxima esperanza de los revolucionarios del continente e hizo su entrada en aquella ciudad ecuatoriana el 16 de junio de 1822.
Desde este día, se convirtió en su sombra, fue su confidente, cuidó y salvaguardó sus archivos, y protegió su vida.
Formaría parte de los ejércitos bolivarianos, alcanzaría el grado de “coronel”, según se afirma, se le ve a caballo y sable en mano, en medio del motín que se produce en Quito.
Cuando el Libertador partió hacia el Perú, Manuela se le reuniría también. Primero se instalaría la heroína en su natal Quito y luego en Bogotá, en 1828.
El 25 de septiembre de 1828 intentarían asesinarlo, lo cual Manuelita Sáenz, hizo huir a Bolívar por una ventana del palacio de Gobierno.
Después vendrían días difíciles para ella al conocer en Guadas, en 1830, la muerte de Bolívar, y comenzar la lucha, por medio de la palabra impresa, en defensa de los ideales del gran caraqueño, lo que la llevaría a la expulsión del territorio.
Desde Kingston, la capital de Jamaica, donde residiría todo un año, escribiría al general Juan José Flores, presidente del Ecuador, quien le otorgó un salvoconducto.
Pero cuando se produjo el regreso a la tierra natal, no puede entrar a Quito; las credenciales no son válidas ya que el mandatario ha perdido el poder.
Pobre, con sus bienes confiscados en Colombia, se instalaría Manuela Sáenz en Paita, al norte del Perú, donde viviría de un modesto comercio de tabacos. Y, vencida la salud, bajo la depresión que conlleva tanta miseria e infamia humanas, contrajo difteria, enfermedad que produjo la muerte de esa valerosa mujer, contemporánea nuestra.
Ya conocimos algo de la vida de manuelita ahora su casa se ha convertido en el Museo de Trajes Regionales de Colombia.

MUSEO DE TRAJES REGIONALES DE COLOMBIA
Fundado en 1972, se halla en la plazoleta Rufino José Cuervo, en la que fuera la casa de los derechos y la casa de Manuelita Sáenz. Sus aulas son consideradas Monumento Nacional. En un recorrido por el museo se puede conocer “la cultura colombiana” con su decoración de tejidos y mantas, la raza, habitación, lengua y costumbres de las diferentes regiones del país, con un énfasis en la indumentaria, tejidos elaborados a mano , una muestra de Trajes Regionales con el propósito de mostrar la diversidad de los habitantes de Colombia. Cuenta aproximadamente con 1000 piezas que están disponibles para visitar en su sede.
Servicios complementarios: talleres para niños, cuentearía, videoteca y los sábados, cine infantil.